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Barcelona Cannábica

La Barcelona Cannábica

En el 2018, ya se denominaba a Barcelona “la nueva Ámsterdam”, incluso el Huffitong Post lo citó así en su artículo sobre el panorama catalán de la Barcelona cannabica. Por aquel entonces, si te paseabas por las Ramblas de la hermosa ciudad recibías invitaciones de relaciones públicas que actúan como reclamo para facilitar el acceso a los clubes nocturnos.

El modelo catalán

Echando la vista atrás, con el fin de saber de donde venimos, asociaciones como la ARSEC (Asociación Ramón Santos de Estudios sobre el Cannabis) – fundada en los años 90 – denominó al mivimiento barcelonés como “la brecha catalana”, diferenciándola así de la “brecha vasca”. A partir de los años 2000 empezaron a abrirse las tienedas especializadas en cultivo cannabico, los growshops, y pocos años después se instauraron los conocidos CSC, Club Social Club o Asociaciones Cannábicas. O cómo algunos decidieron denominarlos, sin mucho conocimiento de la realidad asociativa catalana, los coffeeshops catalanes.

Es de conocimiento generalizado de la gente autóctona, pero no de los turistas, algunos compañeros del sector cannábico lo reseñaron en sus artículos de blog: existe una diferencia remarcable entre los citados coffeeshops holandeses y los CSC o Asociaciones del ámbito estatal español, y concretamente del caso catalán. El boom que hubo de éstos CSC, especialmente en el centro de Barcelona, enfocados al turismo repercutió en la buena imagen que tenían estos locales para sus usuarios habituales Es decir, la opinión pública empezó a ser crítica con el modelo y a relacionarlo, desgraciadamente, con otros fenómenos problemáticos que no tenían relación con el auténtico, original y genuino objetivo de los CSC.

Según otra fuente, Vice, en el 2009 únicamente existían 14 asociaciones en Cataluña, aunque tan solo tres años después ya habían abierto más de 200. Wikipedia, en cambio, en aquel entonces asegura que las asociaciones existentes en la capital barcelonesa eran alrededor de 400, que agrupaban alrededor de 165.000 usuarios.

Cierre y regulación en la Barcelona Cannabica

La alarma social y el problema que supuso para la ciudad de esta problemática llevó a las autoridades a usar diversas estrategias para el control del fenómeno cannábico catalán: cierre de clubes con sentencias finales leves, además de la vía político-legislativa impulsada por la sociedad civil catalana. Es decir, la otra estrategia fué la aprobación de una iniciativa legislativa popular (ILP) llamada la Rosa Verda que regulaba los CSC, hecha ley por el Parlament Català (Ley 13/2017 de 6 de Julio de 2017), que posteriormente fue suspendida por el Tribunal Constitucional.

El futuro de la órbita cannabica

Pero la movida cannabica catalana no se limita a las asociaciones, sino que en la órbita cannábica también se genera un lucrativo negocio de inversores, ferias, medios de comunicación, tiendas growshops, bancos de semillas, productos y tecnología alternativa todo ello para el cultivo y consumo de la planta milenaria del cannabis e información relacionada.

Entonces, la Barcelona cannabica se convirtió, sin querer queriendo, en la capital europea del cannabis diferenciándose sustancialmente de los modelos holandés que tanto habían servido de espejo en el pasado. La “brecha catalana” está viva, se transforma, se hace más brecha aún con el paso del tiempo comparándola con el resto del estado. Tendremos que ver y observar como evoluciona el modelo catalán en un futuro, teniendo en cuenta los aires de cambio en algunas legislaciones nacionales (California, Uruguay) en materia de cannabis. Deseamos que no se reduzca simplemente a un problema social urbano de consumo y abuso de drogas, porque sería estar negando una realidad que existe, está viva y que goza de muy buena salud.

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